Acaso, no te ha pasado
que cuando conoces nueva gente
quedas cautivada con un algo,
un algo sin precedente;
aquel algo que se prensa en la mente
y se aprecia sin un de limitante
que si acaso se le ocurriese
ponerle un fin al acordarle.
¿Te ha pasado?.
Hoy me pregunto muchas cosas,
entre ellas, ¿Si el que me gustes es prudente?.
Dime tú, ¿Es prudente?
Quizás si lo sea
y dejas que crezca un gusto,
que crezca solo bastante
creando fantasía,
formas de querer, algo
solo un poco delirante.
No busco con esto negativismo
solo unas tan vanas respuestas
a las preguntas que agobien
mi enredada mente.
Y si al contrario
no es prudente...
dejarías aquel gusto
sin fuerzas, sin ganas,
tan solo desvaneciéndose
por cada momento
en el que recuerda mi mente
tus razones, por lo cual,
los gustos a veces no son prudentes.
Aunque triste en ese momento estuviese
alegre a la vez y no contraproducente,
al escuchar la sinceridad,
que compartes conmigo en este instante.
lunes, 11 de octubre de 2010
¡HE MUERTO CON MI SOLEDAD!
¡He muerto con mi soledad!
He fallecido, he muerto con la soledad
he vivido mis años mozos
con ignorancia y agilidad
¡He muerto!, ya no más.
Hoy veo a las ratas,
que vuelan, en el cielo
y duermen en el mar,
las que devoran las conexiones
que llevan a los sueños
que suelo tergiversar.
¡Ha muerto la soledad!
en el momento que a tus ojos
vi, sin tú común agonizar.
¡Has nacido otra vez!
Y muerto estoy, lo vez,
muerto con el anhelo
de volver a nacer, no como uno más
nacer como un inspiro
de tú bello progresar
en un camino, largo y cauteloso
llamado realidad.
Un solo anhelo,
que nada solo en un mar,
donde las uniones de las almas,
en un halo de profundidad,
se encuentran en un frenético
sentimiento de eternidad,
convirtiendo el anhelo
en algo más que el común sueño
que ahoga la realidad,
en la reunión de sentimientos
que concuerdan sin estimular
pensamientos de posesión,
solo de quereres inmersos
que concuerdan con tú voz.
He fallecido, he muerto con la soledad
he vivido mis años mozos
con ignorancia y agilidad
¡He muerto!, ya no más.
Hoy veo a las ratas,
que vuelan, en el cielo
y duermen en el mar,
las que devoran las conexiones
que llevan a los sueños
que suelo tergiversar.
¡Ha muerto la soledad!
en el momento que a tus ojos
vi, sin tú común agonizar.
¡Has nacido otra vez!
Y muerto estoy, lo vez,
muerto con el anhelo
de volver a nacer, no como uno más
nacer como un inspiro
de tú bello progresar
en un camino, largo y cauteloso
llamado realidad.
Un solo anhelo,
que nada solo en un mar,
donde las uniones de las almas,
en un halo de profundidad,
se encuentran en un frenético
sentimiento de eternidad,
convirtiendo el anhelo
en algo más que el común sueño
que ahoga la realidad,
en la reunión de sentimientos
que concuerdan sin estimular
pensamientos de posesión,
solo de quereres inmersos
que concuerdan con tú voz.
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